Como extensión de la vida social de la familia Romero, su patio cobijó a figuras y huéspedes inesperados.
Bossio, picapedrero italiano, llegó a las tierras argentinas buscando un futuro mejor. Fue durante la Primera Guerra Mundial, en 1914. Escapaba de la Europa hambrienta y de la posibilidad de convertirse en carne de cañón del ejército italiano.
Sin dinero pero con un oficio (el de picar la piedra, moldearla y crear distintos objetos) dejó estampado su estilo en este alejado paraje.
La mesa y los bancos de piedra, en el centro del patio de El Huaico, son un legado de su trabajo.
El Valle de Traslasierra, agreste e inaccesible por el paredón de las Altas Cumbres, conoció los Santos Evangelios de la palabra de un sacerdote llamado José Gabriel del Rosario Brochero: Cura Brochero.
Durante el proceso de evangelización de los pueblos de la zona, el Cura llega a El Huaico y lo bendice. A partir de ese momento, Jerónima Romero, fiel católica, participa de los famosos retiros espirituales en la Casa de Ejercicios creada por el párraco.






